La industria de la
construcción es la más grande de las industrias a nivel mundial. Es más que nada un servicio y no una
industria de manufactura. El comportamiento de esta industria es, de hecho, un
indicador de las condiciones económicas de un país. Requiere de una
multiplicidad de especialidades, que a su vez dan empleo a una gran cantidad de
personas.
La industria de la construcción en México representa poco
más de 7% del PIB nacional, y a pesar de que en fechas recientes ha tenido un
desempeño negativo, durante poco más de una década mostró un crecimiento sólido
por arriba de la economía: su PIB se amplió 34% en términos reales entre 2000 y
2012.
La construcción vivió un periodo de expansión a pesar de
dos retrocesos originados por impactos del entorno económico internacional: uno
fue la desaceleración de la economía estadunidense en 2001, cuando la
construcción mexicana se contrajo 3.4% y otro, la crisis económica mundial que
la llevó a una caída de 11.1%, la peor de esta industria después de la
registrada en 1995 cuando sufrió una contracción de 25% de su PIB.
A pesar del escenario adverso, el
sector de la construcción sigue siendo uno de los sectores más relevantes de la
economía: por su contribución al PIB nacional, por la generación de alrededor
de cuatro millones de empleos y también, por su impacto multiplicador en ocho
de cada diez ramas de la economía.
Dejando de lado el comportamiento reciente del sector, los últimos años han sido exitosos para el sector de la construcción, en los que se pueden identificar algunos factores que permitieron un desempeño exitoso entre 2001 y 2012. Por un lado está el sector público y por el otro el sector privado, este último en diferentes facetas: como empresas especializadas en la construcción de vivienda, como concesionarios de obras, como contratistas o como parte de las familias que van construyendo su vivienda paulatinamente a través de la autoconstrucción.
Algunos de los factores que permitieron el avance de la
industria de la construcción son:
La estabilidad macroeconómica que se registró a lo largo
de 12 años fue un pilar fundamental para generar las condiciones adecuadas para
el desempeño de la industria.
Continuidad y prioridad en la inversión en
infraestructura. Como consecuencia de la crisis económica de 1994-1995 el
sector público vio sumamente acotadas sus capacidades de inversión y fue hasta
los primeros años de gobierno de la administración Ffderal 2000-2006 que se
reactivaron las inversiones en infraestructura de energía y en transportes,
principalmente.
Para el periodo de gobierno de 2006-2012, se realizó un
esfuerzo sin precedentes para colocar a la infraestructura como un tema de
agenda nacional, y llevó a que la inversión impulsada por el sector público
federal, sin incluir vivienda, pasara de 3% a 5% del PIB.
La modernización institucional de organismos de vivienda
como el Infonavit y la estabilidad en las tasas de interés permitieron detonar
el financiamiento para la vivienda como nunca se había visto en el país, tan
sólo entre 2006 y 2012 se financiaron una de cada cinco viviendas del total de
los hogares que hay en México.
Los factores que llevaron a consolidar una etapa de éxito
de la industria de la construcción en años pasados, hoy se pueden potenciar con
las reformas estructurales recién aprobadas, para construir un camino en el que
de forma conjunta avancen el gobierno y el sector privado hacia una
recuperación y una nueva etapa de éxito para la industria de la construcción.